domingo 11 de diciembre de 2011

Los recuerdos son el peor carcelero que existe.



Todavía puedo recordar aquella primera vez que nos vimos.

Todavía puedo sentir los nervios creciendo en el estómago, el nudo en la garganta, los minutos antes del contacto visual.

Todavía puedo sentir cómo fue aquel primer beso, las risas nerviosas en medio del contacto, mi enfurruñamiento para que siguieras.

Todavía puedo recordar cómo de fuerte fue el primer abrazo y cómo de dulces los siguientes.

Todavía puedo rememorar aquel día completo y el siguiente, y el otro. Todos los lugares, todo lo que hicimos, todas las bromas y las sonrisas. Tu "no te vayas todavía" y mi "si mañana nos volvemos a ver".

La despedida en aquella estación. Aquellas horas esperando el final de tanta felicidad. Las lágrimas espontáneas en medio de una sonrisa. Aquel andén lleno de gente donde sólo existíamos tú y yo. Tus intentos por hacerme sonreír. La llegada del autobús y las lágrimas corriendo por mis mejillas. Tus dedos acariciando mi cara. El beso de despedida.

Y es por eso que ahora, a pesar de que todo se haya desvanecido, de que todo haya terminado, no puedo evitar llorar y sonreír al mismo tiempo mientras miro de nuevo aquellas fotos, aquellos dibujos o leo aquellos mensajes.

Pero nunca fue suficiente, ¿no es así? Y ya no hay nada que pueda hacer, sólo esperar. Aun cuando en el fondo siga esperando oír las palabras que más anhelo.

Los recuerdos son el peor carcelario que existe.

sábado 5 de noviembre de 2011

Hirari, hirari.



Cada vez que la estación se repite
Los lazos se deshilachan
Fuertemente, fuertemente los abracé
Para que no se perdieran

Por el peso de las palabras
Sin poder moverme, caí
Pero cuando me ahogué en un cálido sueño
Me di cuenta de que ya te había perdido

La abracé, a esta apariencia
Esparcí suavemente el color rojo
Realmente duele, se ha grabado fuertemente
Revoloteo, revoloteo, revoloteo

Al cielo, al mar o a cualquier otro lugar lejano
Iré para poder entregarte, al menos, una pieza
El color de los lazos que creamos
Revolotea, revolotea lejos

Algún día, los momentos que pasaron
Serán esparcidos en forma de flores
Incluso si lo pienso, ya sé que está decayendo
Revoloteo, revoloteo, revoloteo

Una vez más no puedo saber las palabras
Pero puedo entregarte al menos la última pieza
Cuando la lluvia cae suavemente, se escucha una voz
Revolotea, revolotea lejos

lunes 3 de octubre de 2011

martes 6 de septiembre de 2011

Verdades como puños.

Que la cosa no va de obsesionarse por dejar algo atrás, sino, simplemente, dejarlo atrás poco a poco. Y aun así, una pequeña parte de ello siempre estará ahí. La cuestión es aceptarla.

domingo 5 de junio de 2011

Black tears and white face.



¿Alguna vez habéis tenido esa sensación de perderos en el fondo de un mar gigantesco, sintiendo tu cuerpo a la deriva, arrastrado por las fuertes olas? ¿Habéis sentido esa desesperación, ese nudo en la garganta, mientras notáis cómo os hundís en el fondo? ¿Ese deseo de que os rescataran lo antes posible de ahí? ¿De ver como una mano os arrastra hasta la superficie de nuevo?

Pues yo sí la siento. Pero sé que esa mano no aparecerá. Que de lo único que dependo para sobrevivir y salir a la superficie soy yo misma y las fuerzas que me queden.

Una lección más.

Kaboom!

Quiero explotar.

domingo 8 de mayo de 2011

El-pájaro-que-da-cuerda.

Siento que me estoy perdiendo. Y lo peor de todo es no encontrar tu mano-bien porque no la veo o bien porque no la alargaste lo suficiente- para poder seguir de nuevo el camino de las migas de pan.

viernes 6 de mayo de 2011

I don't mind!


Odio.

Odio.

Puro y simple. Primitivo. Natural. Negro.

Me pregunto si alguna vez seré capaz de decirlo totalmente en serio, mirando directamente a la cara del receptor. Sentirlo sí que lo he sentido muchas veces, incluso ahora, pero nunca he sido capaz de soltarlo, ¿por qué será?