-Anoche volvió a venir y me rasgo como un papel. Me abrió como una flor lacerante... y me gusta. Se hundió dentro de mí y me prendió fuego, como siempre hace. Me hizo arder desde las entrañas.
-¿Cómo supiste que era el Diablo?
-Sé que piensa que estoy hablando de mi padrastro. Usted no cree en el Diablo.
-De acuerdo, hablemos de tu padrastro.
-Ya sabe lo de mi padrastro. Sabe que le corté el cuello. Le partí la... nuez en dos de la misma forma que se abre una fruta un día de verano. Para que no dijera una palabra. Me senté a su lado y le ví morir. Lentamente. Era la única manera de ayudarle a parar.
-¿A parar qué?
-¡A parar de violarme! No me está escuchando.
-Sí que te escucho.
-No, no me escucha con el corazón, sólo con el cerebro. Su problema es el cerebro. No tiene ni idea de lo que se siente cuando no confían en ti.
-Tú tienes que confiar en mí.
-No se puede confiar en alguien que cree que estás loca.
sábado 26 de febrero de 2011
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